miércoles, 3 de marzo de 2010

Querido diario

El joven camina por la acera. Es mediodía y avanza a paso lento con ambas manos en los bolsillos de su pantalón de drill. Juguetea con su mano izquierda con algo que tiene entre sus dedos. Dobla la esquina y llega a una calle más transitada. De su bolsillo saca una bolita de jebe a la cual le da botes contra el piso mientras camina. Junto a él pasan autos a mediana velocidad; el sol le cae sobre la cabeza pero está tan distraído que no tiene calor. La bola de pronto da un bote extraño y sale disparada hacia la pista. El joven, asustado, corre tras ella. De pronto un auto vuelve a mandar la pequeña bola a la vereda pero varios metros más adelante del joven. Este corre desesperado detrás de ella antes de que vuelva a la pista. La alcanza, se detiene y la mira detenidamente. Unos segundos después le da un beso y se la guarda nuevamente en su bolsillo izquierdo. Continúa caminando con la certeza de que eso no volverá a suceder.

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