lunes, 30 de enero de 2006

Querido diario

Tenia que ser domingo, no podía ser otro día. Cualquier otra ocasión no hubiera servido para que dos extrañas coincidencias se junten en la vida. Un día llega a casa el parte matrimonial y a la vez te visita el ser más extraño e inimaginable, por eso solo podía ser domingo. Muchos ya estarían maquinando que todo eso tiene un significado que en definitiva, mi ignorancia no me permite reconocer, intuir, o adivinar. De ser yo Coelho, Chopra o el Sai Baba criollo ya estaría escribiendo un artículo de fin de semana que las tías en sus reuniones de té comentarían con denuedo, pero no soy ni quiero ser ninguno de ellos por eso no sé que significación darle a aquel curioso acontecimiento. El parte anunciaba la feliz unión de una prima con un pata que desconozco mayormente. Mi prima, la novia era “la prima” y cuando se dice: “la prima” y no: la prima estamos hablando (en este caso escribiendo) de cosas mayores. Junto con ella fuimos testigos y protagonistas de nuestro primer beso (no chape, ni agarre, ni nada por el estilo) solo de el tan inolvidable y tierno primer beso. Entonces recuerdo borrosamente un capítulo de los años maravillosos donde se produce un acontecimiento similar, pero no me da ganas de contárselos. Ese mismo día viene a mi casa un pajarito, de eso que silban chillonamente. Se metió a la casa accidentalmente a la hora de mi almuerzo y me acompaño sin ningún temor. Caminaba dando brincos pequeños en el mueble de mi sala y poco a poco se iba a acercando hasta ponerse a dos metros de distancia. Le abrí la puerta de patio para que se marchara, pero como al parecer estaba muy a gusto se quedó un rato más conmigo. A los pocos minutos salio al patio y continuó brincando unos minutos más hasta que por fin alzó vuelo. Vuelve cuando quieras le dije telepáticamente. ¿Por qué habrá venido ese pajarito justo momentos después que recibí el parte matrimonial? ¿Alguien me habrá querido enviar un mensaje de carácter esotérico, divino, astrológico o extraterrestre? Qué coincidencias tan raras que pasan en la vida. Espero seguir siendo testigo de casos de particular interés como el que he referido. Aunque talvez no signifiquen nada, no me importa mucho. No saben lo bonito que es recibir la visita de un pajarito un domingo por la tarde.

30 de enero de 2006