domingo, 22 de junio de 2008

Una mujer extrañamente vestida

Querido diario

Una mujer extrañamente vestida de secretaria de despacho público, tenía la desfachatez de cometer otro acto de extrema rareza para su vestimenta. Tejía una chompa marrón con el punto Santa Clara, el cual a pesar de ser hombre yo aprendí de chico y también lo olvide a la siguiente semana. Estaba sentado en la custer, yo camino a mi casa. Ella camino a no se donde. A parte de eso era guapa y elegante. No era normal. Ella no debía estar tejiendo ni cosiendo, ni bordando. No. Debía estar escuchando música y pensando en como ganar más plata, pero ella tejía y tejía y lo hacia alegremente.
Se levantó y se bajó justo donde yo me iba a bajar. Sin querer la empecé a seguir mientras guardaba su tejido en una bolsa de cuero. Cerca de media cuadra después se detuvo frente a mi casa y saco unas llaves del costado de su abrigo. Yo me asuste y creí dos cosas: o que ella se había vuelto loca o que yo me había confundido de casa. Pero ninguna de las dos cosas era cierta. Se acerco hasta la puerta, introdujo la llave, le dio vuelta e ingresó ante mi sorpresa. “Pero quien es esta” pensé. Cerró la puerta antes de que pudiera llegar a impedirlo.
Inmediatamente saque mis llaves, y algo nervioso y asustado la introduje en la cerradura, pensé por un instante que no se podría abrir, que me habían cambiado la chapa, que había perdido la memoria y que ya no vivía ahí hace años, pero todo eso se borró justo cuando empuje la puerta y entre a mi casa. Ahí estaban todos. La familia de la joven mujer extrañamente vestida y que tejía y tejía con placer. Eran siete personas en total: el padre campechano, la madre hacendosa, la abuela venerable, el tío acomedido, el hermano mayor generoso, la hermana menor inocente y el más pequeño de la familia, que se parecía mucho a mí. Todos mirándome. La puerta se cerró de golpe. Yo no sabía que pasaba. “¿Porqué tardaste tanto, te estábamos esperando?” dijeron todos a la vez “Ven, pruébatela, ha quedado perfecta” dijo la joven mujer extrañamente vestida. Incrédulo solo me quedó sonreír. Me acerqué lentamente mirando a cada uno de los asistentes. Inevitablemente observé la chompa marrón, me la puse y me quedó perfecta, eso les dije: “¡Me quedó perfecta!” .Pero todos ya habían desaparecido, y esa ya no era mi casa.

22 de Junio de 2008