martes, 22 de agosto de 2006

Querido diario

Dolor de hambre es lo que he sentido hoy. Confieso que hace mucho no lo sentía y me hizo recordar la época de vacas reflacas. El mismo dolor que me ha estado persiguiendo desde hace ya varios años, pero afortunadamente cada vez es menos frecuente. No es que haya sentido hambre y ya. Eso lo siente cualquier hijo de papa o de mamá. Lo de ahora fue más que eso. Es lo que suele sentir casi todos los días el 50% de todos los peruanos. Gracias a ese dolor, recordé mi peruanidad y mi amor a la patria. Nada de “Cómprale al Perú” o que “El Perú es súper” o el polito ese de “Te amo Perú”. Si quieres sentir la verdadera identidad del peruano común y silvestre. De vez en cuando, una vez al mes siquiera. Como quien hace una dieta que después va a abandonar los invito a que sientan lo que millones de compatriotas viven. Un auténtico, reconfortador y chauvinista dolor de hambre. ¿Qué para que les servirá? No lo sé. A mi me sirvió para reflexionar. Anímense, si al final de todo no les sirve para nada me cagaré de la risa por que los hice cagar de hambre.

22 de agosto de 2006

martes, 6 de junio de 2006

Querido diario

Amigo, si mañana no llego a casa, dile a ella que estuve a punto de decirle que la quería. Si algo me llegara a suceder yo no lo podré decir. Tengo todas las ganas de hacerlo por mi cuenta y riesgo ahora mismo, pero mejor esperaré a que mañana se dé el momento.
Ojo, te repito, si en caso no llegue mañana dile que aunque ella no lo sepa, yo ya se cual será “nuestra canción” cuando estemos juntos; dile que le he cogido la cintura en innumerables ocasiones de manera imaginaria pero en todas, de distinta forma. Dile por favor, que cuando le dejaba de hablar en el fondo le quería decir un secreto al oído. No le digas, eso sí, las cosas indecentes que te comente la vez pasada, tal vez se asuste. Que no se moleste si me he demorado mucho en hablarle, dile eso. También dile que un día soñé con ella, almorzamos juntos, caminamos toda la noche y antes de subir al taxi desperté. Ese mismo día casi le digo que la quería. Dile que desde que la conocí he subido un kilo de peso y que ella se ve mejor cuando me saluda por las mañanas y se despide por las noches. Dile que me llame a mi celular para tener su número registrado. Dile que si no le gusta el fútbol los domingos le compraré un televisor para ella y si quiere dormiremos en camas separadas, pero también dile que escuche su música en volumen bajo.
Dile amigo, que mañana le tengo una sorpresa. Me pondré un atuendo poco usado y la buscaré. Que me espere y me tenga un poco de paciencia, si quiere que vaya pidiendo un trago o un café. Se que no le gusta el café y talvez fume un rato, asegúrale que no se arrepentirá. Enfatízale eso amigo. No lo vayas a olvidar por favor, apunta bien lo que te he dicho. Dile eso, si mañana no llego a casa.

6 de junio de 2006

martes, 9 de mayo de 2006

Querido diario

Una nueva palabra para nuestro diccionario he inventado. La palabra es: VARONIEGA y significa lo siguiente: 1. adj. Perteneciente o relativo al varón. 2. adj. Dicho de una mujer: Dada a hombres. U. t. c. s. Dicho entonces en buen cristiano, varoniega significa lo mismo que mujeriego pero al revés. Además dicha palabra no tiene género masculino, por lo tanto no es valido decir varoniego. Ejemplo: en vez de decir “Ese hombre es bien varoniego”, se debe decir simplemente “Ese hombre es bien maricón”

9 de mayo de 2006

lunes, 17 de abril de 2006

Querido diario

¡Cuatro inyecciones!... ¿porqué no estas a mi lado para darme valor?

17 de abril de 2006

lunes, 30 de enero de 2006

Querido diario

Tenia que ser domingo, no podía ser otro día. Cualquier otra ocasión no hubiera servido para que dos extrañas coincidencias se junten en la vida. Un día llega a casa el parte matrimonial y a la vez te visita el ser más extraño e inimaginable, por eso solo podía ser domingo. Muchos ya estarían maquinando que todo eso tiene un significado que en definitiva, mi ignorancia no me permite reconocer, intuir, o adivinar. De ser yo Coelho, Chopra o el Sai Baba criollo ya estaría escribiendo un artículo de fin de semana que las tías en sus reuniones de té comentarían con denuedo, pero no soy ni quiero ser ninguno de ellos por eso no sé que significación darle a aquel curioso acontecimiento. El parte anunciaba la feliz unión de una prima con un pata que desconozco mayormente. Mi prima, la novia era “la prima” y cuando se dice: “la prima” y no: la prima estamos hablando (en este caso escribiendo) de cosas mayores. Junto con ella fuimos testigos y protagonistas de nuestro primer beso (no chape, ni agarre, ni nada por el estilo) solo de el tan inolvidable y tierno primer beso. Entonces recuerdo borrosamente un capítulo de los años maravillosos donde se produce un acontecimiento similar, pero no me da ganas de contárselos. Ese mismo día viene a mi casa un pajarito, de eso que silban chillonamente. Se metió a la casa accidentalmente a la hora de mi almuerzo y me acompaño sin ningún temor. Caminaba dando brincos pequeños en el mueble de mi sala y poco a poco se iba a acercando hasta ponerse a dos metros de distancia. Le abrí la puerta de patio para que se marchara, pero como al parecer estaba muy a gusto se quedó un rato más conmigo. A los pocos minutos salio al patio y continuó brincando unos minutos más hasta que por fin alzó vuelo. Vuelve cuando quieras le dije telepáticamente. ¿Por qué habrá venido ese pajarito justo momentos después que recibí el parte matrimonial? ¿Alguien me habrá querido enviar un mensaje de carácter esotérico, divino, astrológico o extraterrestre? Qué coincidencias tan raras que pasan en la vida. Espero seguir siendo testigo de casos de particular interés como el que he referido. Aunque talvez no signifiquen nada, no me importa mucho. No saben lo bonito que es recibir la visita de un pajarito un domingo por la tarde.

30 de enero de 2006