jueves, 16 de septiembre de 2004

Querido diario

Mañana te irás y un ruego no cambiaría eso. Antes, entre susurros nocturnos y acolchados ya te estaba extrañando. No hablaste mucho esa noche, yo menos. Los días pasaron sin mucho apuro por eso no nos preocupamos del futuro. Peleaste conmigo por razones tontas. ¿Hay buenas razones acaso? No contesté el teléfono en las timbradas necesarias que considerarían mi buena educación, por ello sospechaste, por ello colgaste. Ya sabíamos que la película no nos iba a gustar pero igual fuimos mecánicamente; todo por la noche anterior. Te recordé blandita, con los labios suaves y divinos. "No digamos nada" dijiste. "¿Vamos un rato afuera? Pregunte. Me volví adicto a tu aroma que lo sentía mejor al saludarte después de días. Mucho gusto. No volví a ver a Sandra desde que nos presentó. "Vamos, será tu última oportunidad" recuerdo que me dijo. ¿Qué cosas me pasan por la mente? Quiero estar solo para siempre. Eso es lo que pienso hasta ahora; pues a ti, dulce amor imaginario, aún no te conozco y ya te lloro cuando mañana ya no estés

16 de setiembre de 2004