lunes, 28 de mayo de 2007

Querido diario

A punto de perder la calma, de empezar a gritar sin ningún sentido ni razón. Hoy es el momento en que los límites se diluirán como un líquido acuoso dentro del infierno. ¿A un instante de volver a ser el que antes fui o de ser el que antes quise ser? Miro a todos y nadie esboza gesto de ningún tipo. Mejor. Así las cadenas son más débiles y mi viaje será menos pesado, pero cansado aún, por que sigo llevándome a mi mismo. A punto de no saber si avanzar, retroceder, o dar la vuelta e inventar un camino. ¿Cogeré la guadaña y el sable para eliminar arbustos o amigos? Ya me enteraré y ellos también. Pero no habrá tiempo para nada. La sentencia ya esta hecha y las alternativas son mínimas. La supervivencia se dificulta como el pasar por un embudo sin ser licuado. Hoy el miedo tocó a mi puerta e inexorablemente le abrí sin preguntar. Se ha quedado en mi casa, pero no por mucho tiempo. Ya se aburrirá, como todos, y se irá. Lo acompañaré al paradero y lo embarcaré. Por mi parte me quedaré un rato esperando ver que pasa, que sucede. Pensaré en las fuentes de los deseos y en su inagotable poder de mentir a las gentes, en las amigas que nunca deben de dejar de ser eso, en las películas y melodramas mexicanos y en algunas cosas redondas; pensaré en un sueño que tuve y sigo teniendo y lo quiero seguir teniendo, al menos eso no lo voy a perder, ni con toda la calma perdida.

28 de mayo de 2007