Querido diario
En suma todos los sueños que tuve en la vida no llegan a ocupar ni el uno por ciento en mi memoria. Las pesadillas son mayoría, por su dureza y desesperación sin límites. También son recordados los que aparecen gente que ya no esta en el mundo real. Hace años que no sueño volar por precipicios de piedra, antes podía volar e ir del campo a la ciudad. Ahora voy de la calle desierta a la habitación húmeda y amarillenta. Allí se mezclan diálogos sin voz, que entiendo a la perfección pero que no reconozco en la vida real. A veces como pero nunca tengo hambre. En los sueños no duele, ni arde, ni pica, solo desespera e inmoviliza. Esa es el arma perfecta. Por eso son tan reales y malditos a la vez. La vida real es mejor pero un poco más aburrida a intervalos. Por eso duermo más cada día, y uno de estos será para siempre.
16 de marzo de 2008
domingo, 16 de marzo de 2008
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