Querido diario
Todos comentaban en el foro que un tal don Carlos habia fallecido. Que era el señor canoso que vendía juguetes antiguos en el jirón Camaná, el que tenia todos los autitos apilados unos sobre otros, el que siempre tenia una anécdota para contar. Todos los describian y cada dato calzaba perfectamente con el señor que me atendió varias veces en su puesto. Yo apenas lo conoci pero siempre me trato bien, hace unos dias lo vi como siempre, sentado, comiendo un menu en su taper de plástico. ¡No puede ser! decia para mis adentros. Tengo que confirmarlo con mis propios ojos. Fue por la noche, estaba de pasada pues habia dejado unas fotos para imprimir, y mientras esperaba me di una vuelta por la galeria para asegurarme del todo. Tal ves los foristas estaban hablando de otro señor, otro canoso que no conocia. Caray, hay tantos canosos en el mundo... ¿porqué tendria que ser él? Pero cuando apenas entre a la galería me di cuenta que si era él. Su puesto y varios alrededor estaban cerrados. Al frente estaba colocada una mesa con varias velitas misioneras y pegado en la puerta metálica una foto de don Carlos, el señor de los carritos apilados, el de las estampillas rebuscadas, el de los robots antiguos, el amable señor que siempre me atendió bien y nunca le pude comprar nada. Si se va un vendedor cualquiera, no pasa nada porque viene otro que lo reemplaza y sigue el mundo, pero si se va un vendedor de recuerdos, un contador de historias, un hombre amable, todos lo extrañan. Hasta los que no lo conociamos bien.
martes, 18 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario