viernes, 18 de junio de 2004

Querido diario

Estos han sido días de preguntas. ¿Cómo podré convertir un simple documental en una obra que pueda conmover tanto a un inglés como a un pakistaní? ¿Qué elementos, cual receta de cocina, son necesarios para que la obra cuaje como debe ser? Tengo a partir de hoy un mes para acabarla, y en ese lapso debo crear de la nada lo que considero por hoy, la que debe ser mi mejor obra audiovisual. Nunca me había pasado esto antes. Las ficciones son más predecibles, controlables, y en cierta forma medibles en cuanto a sus resultados. Se claramente que reacción tendrá el público ante tal o cual situación, manipulada a mi antojo con los efectos de una eficaz edición.
Ahora la cosa es distinta. No se con qué imágenes me encontraré en el futuro cercano. Creo que lo más sensato será que me deje llevar por el instinto, y principalmente por la honestidad de contar algo que me salga de las entrañas. Esta es mi prueba de fuego. De aquí depende que tan buen realizador pueda ser. La medición no será ningún concurso, ni festival, sino de que al final del trabajo me sienta realmente satisfecho.

18 de junio 2004

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