Querido diario
Ayer me dio risa tu gesto, tu mueca de rana. Son esos detalles que me vuelven medio idiota. La primera vez, recuerdo, fue un día que te pusiste a peinar tu cabello, creo que ahí empezó toda esta huevada. Después no se, tu forma de no se qué y tu manera de no se como, que me volví un imago-dependiente de ti. Lo tuyo fue una especie de amor a ochocientava vista. Después de días, meses, años de mirarte indiferente, como si hubiese sido un ciego que al fin puede ver, te contemplo y no quiero dejar de hacerlo. Eres como una joya oculta descubierta solo por algunos privilegiados. Yo quiero ser uno de ellos. Muchas lunas y soles han salido y mañana sucederá nuevamente. Tú fuiste un tren, un vagón a donde yo no pude subir. Yo esperaré a que tú regreses y si no lo haces seguiré esperando hasta que me canse.
30 de Marzo de 2007
viernes, 30 de marzo de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario