viernes, 30 de marzo de 2007

Querido diario

Ayer me dio risa tu gesto, tu mueca de rana. Son esos detalles que me vuelven medio idiota. La primera vez, recuerdo, fue un día que te pusiste a peinar tu cabello, creo que ahí empezó toda esta huevada. Después no se, tu forma de no se qué y tu manera de no se como, que me volví un imago-dependiente de ti. Lo tuyo fue una especie de amor a ochocientava vista. Después de días, meses, años de mirarte indiferente, como si hubiese sido un ciego que al fin puede ver, te contemplo y no quiero dejar de hacerlo. Eres como una joya oculta descubierta solo por algunos privilegiados. Yo quiero ser uno de ellos. Muchas lunas y soles han salido y mañana sucederá nuevamente. Tú fuiste un tren, un vagón a donde yo no pude subir. Yo esperaré a que tú regreses y si no lo haces seguiré esperando hasta que me canse.

30 de Marzo de 2007

No hay comentarios:

Publicar un comentario